Así es la casa de Antonio Banderas: Un ático ‘para chillarle’

El ático, la casa de Antonio Banderas es, en expresión malaquí, ‘para chillarle’. Con un gusto cuidado al mínimo detalle, con una sobria y bien elegida colección de arte, muebles muy cómodos pero no por ellos dinámicos y modernos, la casa tiene todos los detalles que ustedes puedan imaginar como homenaje a Málaga. Las cinco bolas de calle San Juan están en el pasillo que va al dormitorio de Banderas, en el eje de la escalera de caracol, pequeñas esculturas de Chema Lumbreras representando a personajes que Antonio dio vida en el cine o a famosos personajes de la historia de Málaga, como Viberti (que aparece con un cigarrillo en sus labios). Arriba, en la maravillosa terraza, única posiblemente, que divisa Málaga en sus cuatro puntos cardinales, con telones de fondo como la Alcazaba, Gibralfaro, el Teatro Romano, el Museo Picasso, la Catedral, la torre de San Juan, calle Alcazabilla… Al sur, el mar Mediterráneo, con el puerto; al norte, calle de la Victoria, el Monte de las tres Letras, y más allá el Seminario. Un disfrute para la vista. El obelisco de la plaza de la Merced resurge en alguna que otra esquina. Sobre un pequeño estanque con agua, unos versos de Manuel Alcántara con el que el actor malagueño se emocionó en la conferencia de prensa que dio en el Albéniz en la que anunció que había sufrido un infarto, un extracto del poema ‘Por la mar chica del puerto’, grabada con la misma grafía del poeta y articulista de SUR:

«A la sombra de una barca me quiero tumbar un día; echarme todo a la espalda y soñar con alegría».

El cubo del Pompidou también aparece representado, con los colores que adornan el original del puerto, que permite la entrada y/o salida de la terraza. A la derecha, la pérgola del Palmeral de las Sorpresas, a la izquierda el círculo que coronaba el edificio del Málaga Cinema en la plaza de Uncibay. Un búho de cerámica que mueve la cabeza automágticamente evita que las gaviotas lleguen por aquellos lares, y en un mostrador que simula una barra, escrito en tiza, como las cuentas se hacen en la Antigua Casa del Guardia: el total, 36, corresponde a la suma del día, el mes y el año en el que adquirió el piso de calle Alcazabilla, cuyas obras se prolongaron mucho más de lo que hubiese deseado, «pero niño, no te puedes imaginar todo lo que había acumulado en esta terraza de porquería». En una de las blancas paredes, como respaldo de un gran sofá-cama, la paloma de Picasso, símbolo de la paz… En el piso hay estudio de grabación, de mezcla, un rincón cofrade, donde está el trono del Cautivo. La cocina, no muy grande, pero tremendamente funcional. Antonio comeinza a pelar unos pistachos: «Me tengo que cuidar, me estoy cuidando mucho, y los pistachos y las nueces son muy buenos para lo mío».

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